"Lo primero que debo aclarar es que sólo hago entrevistas por dinero. Jamás se me ocurriría importunar a una persona y robarle un par de horas de su vida para que corra el riesgo de exponer sus vanidades y torpezas si no fuera porque alguien me paga. Por eso mismo, para mí las entrevistas son un oficio", anuncia en The Clinic el periodista chileno Álvaro Díaz, antes de compartir sus experiencias en el arte de "comprender a los otros a través del noble ejercicio de la conversación".
Para Díaz, la entrevista va en busca de aquello en lo que se le va la vida al entrevistado, lo que distrae sus pensamientos la mayor parte del tiempo. "Todos, en mayor o menor medida, quieren dejar en claro quiénes son ante el resto, y uno puede ser un pertinente vehículo para lograrlo".
Para algunos, una entrevista buena es aquella donde el entrevistado queda mal. Para otros, las entrevistas no son más que un medio para homenajear a alguien. Para Díaz, "una entrevista buena es aquella donde el entrevistado aparece como lo que es. Hay entrevistados que, por su desmedida intención de aparentar, quedan de inmediato al descubierto. Esto sucede, incluso, cuando se cuenta con la complicidad del entrevistador".
Y el periodista comparte su fórmula estructural: "primero, pregunto por lo más actual, lo que supuestamente nos convoca. La idea es salir rápidamente de lo que el entrevistado ha tenido que responder en varias partes y de manera maquinal... Luego, la parte que más me gusta, le pido un relato detallado de su vida, principalmente de la niñez y adolescencia, del momento de la formación... [Luego] vuelvo a preguntar por sucesos contemporáneos, pero esta vez ligados al pasado recién evocado... Para el final dejo los temas peliagudos, si es que los hay."



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