Los medios respetables supuestamente no trafican con especulaciones sobre la vida de las personas; para eso existe (y acaso es necesario) el 'periodismo tabloide', sugiere Tom Scocca en The Washington Post.
Cuando la imagen de una persona es una mercancía, las ideas de privacidad y buen gusto son parte de una estrategia de marketing. Los tabloides, vulgares y entrometidos, son capaces de atravesar aquellas imágenes para revelar alguna verdad que los medios convencionales no pueden.
Pero antes de ser un insulto, 'tabloide' era (y aún lo es) un formato: más barato y portable que el resto de periódicos. Ahora que se impone la portabilidad de Internet, los grandes periódicos han reducido sus ediciones impresas a tamaños cercanos al tabloide.
Lo tabloide también se refiere a las prácticas periodísticas. Por ejemplo, los periodistas 'serios' supuestamente deben evitar fuentes anónimas (excepto en casos excepcionales) y no pagar por información. Los medios tabloides no siguen estas reglas. The Enquirer, un famoso periódico tabloide de Estados Unidos, dice que pagar a las fuentes puede ser una manera más confiable de obtener información, porque su motivación de hablar será clara y abierta.
De la misma manera, "la idea de que las citas 'on-the-record' son un indicador de verdad es una encantadora ficción--y una hilarante para aquellos que alguna vez han tenido cubrir la industria periodística", escribe Scocca.
En tiempos de crisis, las preguntas sobre el futuro del periodismo no pueden ser ajenas al debate sobre la tabloidización del periodismo. Al menos para Scocca, que publica en el reputado The Washington Post, en medio del sensacionalismo y el análisis sesudo uno quizá pueda espiar la verdad.



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