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Blog PERIODISMO EN LAS AMERICAS

En América Latina periodistas se unen para investigar asesinato de colegas y los temas que ellos cubrían



La iniciativa de periodistas colombianos que busca combatir la impunidad en el asesinato de su colega Flor Alba Núñez es el ejemplo más reciente de acciones concretas de reporteros para investigar los casos de homicidios de colegas y los temas que ellos estaban cubriendo cuando fueron asesinados.

En América Latina, organizaciones de defensa de la libertad de prensa y periodistas han lanzado varias iniciativas en los últimos años, como, por ejemplo, el Proyecto Manizales en Colombia y la Misión de Observación en el asesinato de Gregorio Jiménez en México.

Las iniciativas tuvieron como inspiración el llamado Proyecto Arizona en Estados Unidos creado tras el asesinato del periodista de investigación Don Bolles con un carro bomba en junio de 1976. El proyecto se creó durante la primera conferencia de la organización Investigative Reporters and Editors (IRE) en donde se decidió que un grupo de periodistas iría a Phoenix a terminar el trabajo de Bolles el cual estaba relacionado con la mafia y sus presuntas conexiones con la política.

Periodistas de todo el país se unieron no para investigar el asesinato de Bolles sino para “probar un punto y comprar un seguro para la investigación periodística: no puedes matar una historia matando a un reportero”, según se lee el portal de IRE.

En el marco del mes que conmemora el Día Internacional para poner fin a la impunidad de los crímenes contra periodistas proclamado por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas en diciembre de 2013, el Centro Knight para el Periodismo en las Américas recuerda estos dos casos y los logros que han conseguido.

Proyecto Manizales, fin de la impunidad tras 13 años

Cuando asesinaron al periodista colombiano Orlando Sierra “la copa ya estaba muy rebosada”, dice Camilo Vallejo, coordinador legal de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) en conversación con el Centro Knight. No era para menos. Su crimen ocurrió en uno de los momentos más difíciles del país y de mayor violencia contra periodistas y trabajadores de los medios que fue entre 1999 y 2002, como recuerda Vallejo.

Orlando Sierra. Foto: Captura de pantalla diario El Espectador.

Durante aquellos años, 32 periodistas fueron asesinados por causas relacionadas con su trabajo. Entre esta cifra se encuentra el homicidio del humorista y periodista Jaime Garzón que aún se mantiene impune. 

Por tal razón, cuando el 1 de febrero de 2002 se conoció la noticia de la muerte de Sierra, quien era el subdirector del diario La Patria de la ciudad de Manizales, como consecuencia del ataque sicarial que sufrió dos días antes, el periodismo colombiano entendió que debía responder de alguna forma a ese nivel de violencia y evitar que su crimen quedara impune.

Fue así como periodistas de diferentes partes del país y de diferentes medios llegaron a la ciudad de Sierra y tras algunas reuniones dieron vida formalmente al llamado Proyecto Manizales el 9 de febrero de 2002. El objetivo era claro: investigar el crimen del periodista estableciendo diferentes hipótesis al reconstruir los temas en los que Sierra estaba trabajando, pero especialmente lograr que el crimen no se perdiera de la agenda pública a manera de presión política al sistema judicial.

Los avances de dichas investigaciones eran publicados no solo en La Patria, sino en medios nacionales como la revista Semana o el diario El Espectador, por mencionar algunos.

Por tal motivo, y a pesar de los 13 años que pasaron, la captura el pasado 1 de noviembre del ex legislador y político Ferney Tapasco, sobre quien pesaba una orden de captura como autor intelectual del homicidio de Sierra, fue sin duda una recompensa para los periodistas, medios y otras organizaciones que trabajaron en el proyecto.

“La presión fue fuerte. Todos sabíamos que era el caso más fácil de resolver y de condenar a toda la cadena criminal. No era un caso como el Jaime Garzón o de Guillermo Cano con tantas variables”, dijo Vallejo. “Se volvió un caso muy estratégico”.

En efecto, desde el ataque sicarial cuando se logró la captura del autor material la información daba cuenta de los muy posibles vínculos de Tapasco.

“El caso de Orlando Sierra después de 13 años fue exitoso. Se mantuvo la presión política desde cuando arrancó y fue capaz desde muy temprano de involucrar a Ferney Tapasco. Para 2005 los medios tenían la capacidad de afirmar cosas en su contra”, agregó Vallejo.

Ante la falta de respuesta de la justicia a pesar de la información disponible, la presión comenzó a llegar también por otros frentes. Por ejemplo, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) incluyó el caso de Sierra en su Proyecto Impunidad. Incluso realizó el documental “Batallas del Silencio” para continuar con el seguimiento al tema.  

“Tratar de silenciar o acallar los medios de comunicación es un acto doblemente terrorista porque es, al miedo, infundirle el silencio”, dijo Orlando Sierra en una entrevista momentos antes de su asesinato, según el documental. “Ya estamos soportando una guerra, una batalla de armas como para que además tengamos que soportar una batalla de silencios”.

En su caso el silencio no ganó y con la captura de Tapasco el caso de Sierra se convirtió en uno histórico para el país al convertirse en el primero de un crimen contra un periodista en el que toda la cadena criminal es condenada. La investigación no obstante no está libre de imperfecciones. Claramente tomó mucho más tiempo para resolverse del que debía, y dos de los implicados en el asesinato se encuentran prófugos a pesar de la sentencia condenatoria del pasado 24 de junio.

“No hay que desconocer que la gran cabeza era Ferney Tapasco, pero ahora se corre el riesgo que se va a bajar la marea con su captura. No se debería, hay que hacer la misma presión”, recordó Vallejo sobre la necesidad de lograr la captura de estos dos hombres. “Pero su captura [Tapasco] es muy importante. Son 144 periodistas asesinados por su oficio en Colombia [desde 1977] y solo en cuatro casos se ha condenado al autor intelectual”.

Es por esta razón que Vallejo cree que estas iniciativas sí pueden jugar un papel importante en el proceso de investigación de un crimen contra un periodista. No en vano, la FLIP impulsó ¡Pitalito sin censura! para trabajar en el caso de Flor Alba Núñez.

“La presión mediática es bien efectiva. Son gobiernos que quieren quedar bien ante un gran público y los periodistas tienen una posibilidad que no tienen los sindicalistas, los campesinos, desplazados para acceder a los medios en temas de impunidad”, asegura Vallejo. “Pero no se podría medir el éxito de las iniciativas periodísticas si no se llega a una condena. Eso es una responsabilidad del Estado. Los medios deben informar”.

“Gregorio: asesinado por informar”

La noticia de que el cuerpo del periodista Gregorio Jiménez había sido encontrado en una fosa común cerca del municipio de Coatzacoalcos, estado de Veracruz, México, el 11 de febrero de 2014 fue un duro golpe no solo para su familia sino para todos sus colegas que durante días se movilizaron para exigir la liberación con vida del periodista.

Gregorio Jiménez. Foto cortesía Periodistas de a Pie.

Seis días antes, el 5 de febrero, ya habían quedado impactados con la información de que Jiménez había sido sacado de su casa a la fuerza por un grupo armado y en frente de su familia. Un hecho que generó indignación no solo a nivel nacional sino también internacional por lo que de manera inmediata a su desaparición se organizaron manifestaciones en Coatzacoalcos y en el Distrito Federal.

Incluso se realizó la campaña “lo queremos vivo” en el que diferentes periodistas del mundo se tomaban fotos y videos exigiendo su liberación.

“Vimos que ocurrió en este caso una madurez de la protesta. Cuando los desaparecen o los secuestran, [los periodistas] se aterraban, guardaban silencio. Y si mataban a alguien, era ‘sálvese quien pueda’ y la gente corría”, dijo Marcela Turati, cofundadora de la organización Periodistas de Pie. “Después de varios años de golpes, golpes, golpes y violencia teníamos una consciencia distinta”.

Desafortunadamente las movilizaciones no fueron suficientes para que ‘Goyo’, como era conocido el periodista, regresara con vida. De hecho, Turati y otros colegas supieron de su muerte justo en una reunión con la Procuraduría General de la República (PGR) en medio de una exigencia para que el caso fuero atraído por la justicia federal y para que se involucrara la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE).  

“Fue muy impactante porque tratamos tanto que lo rescataran. Decíamos bueno si logramos que al menos a uno no lo maten, esta historia va a cambiar. Y cuando lo encontraron asesinado, nos dolió mucho”, recuerda Turati.

Su muerte, en ese momento, se convirtió en la décima de un periodista en Veracruz en los últimos tres años lo que convertía al estado en uno de los más peligrosos del país para el ejercicio del periodismo. Por tal motivo, diferentes organizaciones cuestionaron que la versión que más tomara fuerza entre las autoridades era que el crimen fue motivado por una venganza personal.

Con este panorama, Periodistas de a Pie invitó a otras organizaciones como Reporteros Sin Fronteras (RSF), la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y la Casa de los Derechos de Periodistas para realizar una Misión de Observación del asesinato de Jiménez.

Dieciséis periodistas viajaron a Coatzacoalcos y a Xalapa, la capital de Veracruz, y entre el 15 y el 17 de febrero recabaron información sobre la vida familiar, profesional y el trabajo periodístico de Jiménez, e incluso lograron establecer un panorama de la situación de la libertad de expresión en Veracruz.

Tras un mes de trabajo con la información recolectada, la Misión de Observación entregó el informe ‘Gregorio: asesinado por informar’. En ella dan cuenta que en el crimen de Jiménez se obviaron ciertos móviles relacionados con su trabajo como reportero policial de los diarios Notisur y Liberal del Sur. Por ejemplo, las notas que había estado escribiendo sobre secuestros y desapariciones en el área, y “que el gobierno no estaba interesado en que se conocieran”, según Turati. Así como sus notas sobre actividades del crimen organizado.

Informe Gregorio: asesinado por informar. Captura de pantalla página Periodistas de a Pie

El informe se entregó a las autoridades del país con el propósito que notarán el “patrón de agresiones y amenazas en la zona” en contra de periodistas y que pudieran incluir esta línea de investigación. También fue entregado a la entonces Relatora Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Catalina Botero, y al público en general.

A pesar de que la justicia detuvo y encontró culpables a seis personas por el caso de Jiménez, incluida una vecina quien habría ordenado el crimen, para Turati todavía existen preguntas sobre si en efecto se realizó una investigación analizando todas los posibles móviles.

No obstante, está convencida que es mediante estas asociaciones que es posible lograr ponerle fin a la impunidad a los crímenes.

“Fue un ejemplo que podemos unirnos como una organización para hacer investigación y como periodistas. Así como un ejemplo a la PGR sobre cómo se podía hacer un buen trabajo para investigar un caso”, asegura Turati. “Tenemos que organizarnos más los periodistas e informarnos un poco más y eso se está hacienda. Cada vez hay más redes y colectivos de periodistas en el D.F. y en los estados se han dado cuenta que hay que cuidarse y cuidarse entre ellos y proteger la información. Organizarse con otros y resistir para no dejarse silenciar las libertades”.




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