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“Voy a extrañar la Amazonia”, dice Simon Romero, del NY Times, al despedirse de América Latina



Las fotos del perfil de Instagram de Simon Romero son microcosmos de los lugares y personas de la región sobre la que él escribió por más de una década. Vistas de piscinas abandonadas en la olvidada ciudad de Henry Ford en la Amazonia, de un pescador sentado en la orilla del Río de la Plata en Buenos Aires, de artistas ‘guapeando’ carritos colectores de basura en Río o de guanacos en la Patagonia.

Como corresponsal de The New York Times en América Latina por 12 años, Romero se volvió conocido por sus reportajes que, al mismo tiempo que pintaban retratos del escenario político y social de la región, proporcionaban perfiles detallados de las personas que vivían en ella.

Después de más de una década, el periodista deja su puesto como jefe de la oficina de Brasil del periódico en Río de Janeiro, el próximo junio, para volver a su estado natal, Nuevo México. Desde ahí reportará sobre inmigración para el NYT, en un momento en que el tema se torna aún más relevante como consecuencia de las medidas adoptadas por el presidente Donald Trump.

Antes de ser jefe de la oficina de Brasil, donde permaneció los últimos seis años, Romero también fue responsable de la sucursal andina del diario, con sede en Caracas, Venezuela. Romero comenzó a trabajar en el Times en 1999, como periodista independiente, después de colaborar en otras publicaciones de Estados Unidos y de América Latina.

Romero recibió el premio Maria Moors Cabot de la Universidad de Columbia en Nueva York (2015) y el premio Robert Spiers Benjamin de Overseas Press Club of America (2014) por su cobertura de América Latina.

En la entrevista al Centro Knight, el periodista mostró una visión optimista de los países en los cuales vivió en los últimos años. “El retrato de América Latina como una caldera de problemas no coincide con la región que yo tuve el privilegio de cubrir”, afirmó. Romero dijo también que va a “extrañar profundamente el cubrir la Amazonia”, lugar que visitó varias veces, en viajes “mágicos”. “A veces tengo miedo de que la Amazonia que yo conozco se transforme en algo irreconocible con el avance de sus relaciones con la economía global”. 

Romero, que se quedará en Brasil hasta junio, será sustituido por otro periodista – el NYT está en proceso de selección. Además de la Amazonia, el corresponsal afirmó que va a extrañar comprar la revista Piauí en los kioskos, vivir en Brasil, entrevistar a “tantas personas fascinantes y aprender algo nuevo cada día”.

Centro Knight: ¿Podría contarnos un poco sobre lo que hará en Estados Unidos?

Simon Romero: Voy a cubrir temas de inmigración junto con otros colegas nacionales y con los de nuestra oficina en Washington. Espero viajar por Estados Unidos para hacer reportajes sobre ese tema inmensamente importante en un momento en que el gobierno federal está tratando de deportar a millones de personas. Lo veo como una de las historias más importantes de nuestra época. El momento de este cambio es también importante profesionalmente, dada la necesidad de hacer periodismo basado en hechos en un país en donde la aparición de noticias falsas está floreciendo. Nosotros (yo y mi familia) vamos a tener como base Nuevo México, el estado donde yo nací y crecí, y nos entusiasma la idea de viajar más por el sudoeste estadounidense.

CK: ¿Cómo es hacer periodismo en América Latina? ¿Cuáles son las dificultades y las facilidades de trabajar como periodista aquí?

SR: Considero que trabajar como periodista en América Latina es increíble. Como un niño que creció en el norte del estado de Nuevo México, en EE.UU., siempre sentí un vínculo cultural y lingüístico con la región. Yo asistí a escuelas públicas, y nunca me olvidaré de mi clase de historia de la secundaria en Las Vegas, en Nuevo México, donde tuve un profesor que me enseñó sobre el complejo legado de la guerra entre Estados Unidos y México, y el Tratado de Guadalupe Hidalgo. Ya en la universidad, en Harvard, estudié historia y literatura de América Latina, y disfruté leer libros como “La Guerra del Fin del Mundo”, de Mario Vargas Llosa, y pasé un año en la Universidad de São Paulo, la cual me abrió los ojos, aprendiendo portugués, viajando por Brasil y conociendo a personas fascinantes que hasta el día de hoy son bien amigas mías.   

Me atrajo volver a América Latina cuando comencé a trabajar como periodista y, desde entonces, ha sido una aventura increíble. Claro, con los desafíos que ya conocemos al cubrir ciertas historias. Las amenazas de crímenes violentos o secuestros están muy presentes en lugares como Venezuela y partes de Colombia, Perú y en el mismo Brasil. Pero trabajar en América Latina también puede ser bien diferente a cubrir el Medio Oriente o un país como China, por ejemplo. Cuando hablas las lenguas de América Latina, consigues más cercanía con las personas que entrevistas. Es difícil generalizar – y hay excepciones importantes, pero pienso que la región es considerablemente abierta en términos de poder entrevistar a personas en el poder o a las personas que ellos eligieron. Cuando se trata de capitales mundiales, Brasilia es relativamente tranquila y accesible para los periodistas. Y no hay nada como ir profundizar en el interior de las historias. Algunas de mis experiencias más gratificantes fueron en lugares sin hoteles ni comodidades. Recuerdo haber sido recibido en la casa de una familia muy humilde, pero muy generosa, en Tinaco, en las planicies de Venezuela, o dormido en una hamaca en una casa ribereña de la Amazonia brasileña, donde viven de la caza del pez gigante pirarucu. Aprendí mucho con esas historias.

CK: En más de diez años como corresponsal en América Latina, ¿cuál fue la historia más difícil de cubrir, y por qué?

SR: Esa es una pregunta difícil. Algunas historias han implicado retos como hostilidades de fuentes del gobierno o amenazas de figuras poderosas que cubrí. Existen riesgos al escalar glaciares en los Andes o al hacer trekking durante una tormenta de nieve para llegar hasta una base de investigación china en la Antártida, o al acompañar a una patrulla policial del Grupo Especial de Rescate y Asalto (Fera, por sus siglas en portugués) en las favelas de Manaus. Pero una de las experiencias más dolorosas para mí fue cubrir el terremoto de 2010 en Haití. Fui uno de los primeros periodistas en llegar a Puerto Príncipe a la mañana siguiente del terremoto, y las escenas de muerte y destrucción fueron devastadoras.

CK: ¿Cómo evalúas la transparencia de las autoridades y el acceso a la información pública en Brasil y en otros países de América Latina?

SR: En Brasil es relativamente abierto en términos de acceso a la información pública. Claro, ningún país es un paraíso cuando se trata de este tipo de reportajes, pero la Ley de Acceso a la Información que entró en vigor en 2012, y que garantiza el acceso a una serie de documentos del gobierno, fue un gran paso. Ahora, eso no significa que los funcionarios de cada sector del gobierno siempre cumplan con la ley. Por ejemplo, yo obtuve mucha resistencia de gobiernos locales cuando escribí sobre los llamados súper salarios de algunos funcionarios públicos en Brasil. Pero hacer reportajes sobre estos temas en Brasil es mucho más fácil que en Venezuela, donde obtener información pública puede ser un proceso extremadamente complicado. Otros países de la región, como Chile o Uruguay, hicieron reformas para volver la información del gobierno más transparente y accesible.

CK: ¿Cómo ves el estado de la libertad de expresión y los ataques a la prensa en los países de América Latina en este momento?

SR: Desafortunadamente, los ataques contra periodistas y contra la libertad de expresión siguen siendo comunes en América Latina. En Brasil, lejos de las grandes ciudades como São Paulo y Río, existen casos de periodistas asesinados como Gleydson Carvalho y Djalma Santos da Conceição. La retórica de algunos políticos no ayuda a resolver este problema. En este mes, en febrero, Romero Jucá, líder del gobierno de Michel Temer en el Congreso brasileño, comparó a los periodistas que investigan temas de corrupción de políticos con los nazis y verdugos de la Revolución Francesa. Claro, la demonización de los periodistas no es una exclusividad de América Latina. Es algo que también estamos viendo en los más altos niveles del poder en los Estados Unidos.

CK: ¿Qué de lo aprendido en estos años como corresponsal en América Latina podrías poner práctica en tu nueva misión en EE.UU., cuando cubras sobre inmigración?

SR: Una de las cosas más importantes que aprendí en mi trabajo es que América Latina tiene mucho que enseñarle al resto del mundo. Persisten problemas inmensos en la región, claro, pero, cuando miras a largo plazo a América Latina, en general, puedes ver que en las últimas décadas ha habido progresos impresionantes en muchos aspectos. El Perú, por ejemplo, ha florecido después de su brutal experiencia con Sendero Luminoso y de su atraso económico. La economía de Bolivia, uno de los países más pobres de la región, experimentó un boom en la última década. O el tolerante, estable y pionero Uruguay. El Brasil es hoy mucho más próspero que el país que encontré cuando viví por primera vez en São Paulo en 1990. Está también el comercio intrarregional, con los países de América Latina estableciendo lazos económicos más fuertes entre ellos. La paz también eclosionó en los países de América Latina, con la extinción de una guerrilla tras otra. Esas con conquistas cruciales en un mundo donde hoy existe tanta incertidumbre. No estoy diciendo que todo es maravilloso – más allá de eso, escribí muchas historias sobre violaciones a los derechos humanos, injusticias económicas y corrupción – pero el retrato de América Latina como una caldera de problemas no coincide con la región que he tenido el privilegio de cubrir.    

Simon Romero en un viaje de reportería a la Amazonia. Foto: cortesía.

CK: ¿Qué vas a extrañar como periodista en América Latina?

SR: Guau, ¿por dónde comienzo? Hay tantas cosas que amo en este trabajo, desde vivir en Brasil hasta poder entrevistar a tantas personas fascinantes y aprender algo nuevo cada día. Pero lo que voy a extrañar profundamente es cubrir la Amazonía. He visitado la Amazonía decenas de veces, y cada viaje de trabajo que he hecho ha sido mágico, pero siento que apenas arañé la superficie. Recientemente, fui con mi familia a Alter do Chão, Santarém y Fordlândia, una ciudad de la selva que es el tema de uno de los libros del historiador Greg Grandin, y fue increíble. A veces tengo miedo de que la Amazonia que conozco se transforme en algo irreconocible con el avance de sus relaciones con la economía global. Pero he intentado transmitir mi fascinación y asombro por la Amazonia en mis artículos.

CK: ¿En tu opinión, qué es lo que las personas de los Estados Unidos no entienden sobre América Latina?

SR: Depende de la persona con que uno converse. Algunas personas en los Estados Unidos están muy bien informadas sobre América Latina y otras no. Millones de personas del país tienen conexión con América Latina por lazos familiares e inmigración. Pero también hay bastante ignorancia y prejuicio relacionado a América Latina. Parte de ese sentimiento tiene raíces históricas y otra parte es reciente. Las personas podrían mantener una mente abierta sobre como América Latina puede ser un lugar de soluciones y lecciones de cómo vivir con dignidad, resiliencia y creatividad frente a desafíos enormes.

CK: Vienes siguiendo a la prensa brasileña desde 1990. ¿Qué análisis, críticas y elogios le harías a su cobertura?

SR: Tengo una admiración enorme por la prensa brasileña. Recuerdo que aprendí portugués leyendo el Folha de S. Paulo y O Estado de S. Paulo todas las mañanas. Hay una tradición sublime del reportaje en Brasil, que va desde la cobertura de la Guerra de Canudos por Euclides da Cunha. Así como en otros países, los medios tradicionales de Brasil están sufriendo dificultades financieras y presiones de polarización. Eso es duro de presenciar. Pero es genial ver el surgimiento de nuevas iniciativas digitales como Agência Pública, Aos Fatos, The Intercept Brasil o Poder360, especialmente cuando Brasil enfrenta sus propios desafíos respecto a noticias falsas. Una cosa voy a extrañar, y es comprar todos los meses la nueva edición de la revista Piauí en el puesto de periódicos que está cerca de mi casa en Río. La revista es un tesoro maravilloso de reportajes. Debería ser más valorada.

 

Vea más de la cobertura de Simon Romero sobre América Latina.




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