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¿Quién mató y quién mandó a matar? El Programa Tim Lopes se lanza en Brasil con videos sobre periodistas asesinados



A lo largo de 14.800 kilómetros y cuatro meses, los reporteros Bob Fernandes y Bruno Miranda visitaron cuatro estados brasileños para descubrir quién tiró del gatillo y quien mandó disparar los 36 tiros que mataron a seis periodistas brasileños en casos icónicos para la prensa del país.

Logo del Programa Tim Lopes. (Captura de pantalla).

El resultado es “¿Quién mató? ¿Quién mandó a matar? Policía y Política en el asesinato de periodistas", un documental y una serie de reportajes especiales que inauguran el Programa Tim Lopes de Protección a Periodistas, de la Asociación Brasileña de Periodismo Investigativo (Abraji, por sus siglas en portugués). La iniciativa fue creada para investigar asesinatos, intentos de asesinato y secuestros de profesionales de la prensa y dar continuidad a los reportajes interrumpidos por los autores de los crímenes.

Los cuatro casos de violencia resaltados en el mini documental  forman un “microcosmos” de lo que es el periodismo brasileño actual, de acuerdo con Bob Fernandes. Los seis comunicadores muertos vivían en ciudades alejadas de los grandes centros brasileños y, en su mayoría, trabajaban en radios. En muchos casos, los profesionales tenían que negociar directamente con los anunciantes o mantener varios otros trabajos. En todas las historias, aún hay impunidad.

“Percibimos la fragilidad personal, profesional, económica de estos periodistas y vimos a Brasil como está hoy. No es de extrañar que estos casos ocurran en un país que tiene más de 60 mil homicidios al año. Los periodistas no son intocables. ¿Cómo escaparíamos de eso?”, dijo Fernandes al Centro Knight.

El reportero explicó que el caso de Gleydson Carvalho, radialista muerto en Ceará en 2015 mientras estaba al aire, fue elegido para iniciar el documental por su peculiaridad y su repercusión alrededor del mundo. Rodrigo Neto y Walgney de Carvalho, muertos en Minas Gerais en 2013, son un ejemplo debido a la fuerte reacción del sindicato de periodistas locales. La impunidad es lo que marca el caso de Djalma Santos, muerto en Bahía en 2015: en la ciudad donde el radialista trabajaba, no hay fiscal ni juez. Finalmente, los asesinatos de Paulo Rocaro y Luiz Henrique Tulu aparecen en el documental debido a la situación particular de la ciudad fronteriza de Ponta Porã, en Mato Grosso do Sul, donde están en disputa los poderes de la narco-política y el narcotrafico.

Otra característica en común de los cuatro episodios se sugiere en el título de la serie: la influencia de la política y la policía. En todos los episodios, hay una acusación, denuncia o sospechosa de políticos o sus familiares como los autores de los crímenes. Y en la mitad de los asesinatos, hay policías sospechosos o acusados ​​de estar involucrados en los episodios.

En torno a estos problemas, hay una cuestión mayor y más urgente, según Fernandes: el monopolio de los medios. “El monopolio elimina empleos y acaba la pluralidad. Imagínese qué es trabajar en un estado donde un gran jefe político es dueño de la televisión, de la radio y del periódico. ¿A dónde va el dinero de la publicidad?”.

El caso de Djalma Santos es ilustrativo de la fragilidad económica de los periodistas como él. Además de la radio, también dirigía un pequeño negocio de fumigación, una cría de pollos, y era un quiosco-bar de donde fue secuestrado para ser asesinado. Antes de morir, el radialista anunciaba que sería candidato a concejal o alcalde. Hoy, la principal línea de investigación del homicidio es un crimen político.

Durante el lanzamiento de la película el 28 de septiembre en Caixa Belas Artes, en São Paulo, Bruno Miranda, que trabajó en el proyecto como fotógrafo, comentó que la resistencia de las radios en el interior del país sorprende. “En estos lugares, internet todavía no tiene tanta fuerza y ​​el periodismo es muy fuerte en las radios”.

Pero lo que los dos reporteros encontraron en sus viajes confirmó una tesis: practicar periodismo en el país todavía es correr un riesgo. Es lo que Fernandes y Miranda oyeron del sepulturero de la ciudad de Ponta Porã, Ponce Martins: “Es una profesión de peligro. ¡Ya enterré cuántos periodistas!”.

Tal vez el riesgo sea uno de los motivos por los que los reporteros enfrentaron la mayor dificultad durante la producción del documental: hacer que colegas, familiares y otros testigos recordaran los asesinatos. Después de decidir qué casos serían abordados, el desafío fue entrar en contacto con los medios en los que trabajaban las víctimas. “Había la cuestión del miedo”, dice Fernandes. “Muchos se asustaron de contar las historias de video. La gente no quería volver a esos casos”.

En Ipatinga, Minas Gerais, la dupla escuchó un relato contundente en ese sentido, de la reportera de Jornal Vale do Aço Gisele Ferreira. Después de los asesinatos de Rodrigo Neto y Walgney de Carvalho, ella decidió no continuar haciendo un periodismo combatiente y no buscar hechos oscuros sola. Ella y sus colegas quieren “olvidar”. “Mi sed por hechos y justicia era muy grande, pero la propia Justicia me mostró que la vida vale mucho más. Yo quiero estar viva ... quiero vivir ...”.

Para los autores del documental también fue un peso lidiar con historias de colegas de profesión, como cuenta uno de los directores de la película, João Wainer. “Lo que queremos es que este tipo de cosas no sucedan más. Entonces estamos trabajando en nombre de todo el gremio. Y estamos hablando de proteger la libertad de expresión, que es un derecho constitucional”, dijo al Centro Knight.

El contenido audiovisual recogido en los viajes está reunido en cuatro videos lanzados en internet, además del documental que une los cuatro casos. El documental completo es diferente de los episodios publicados en YouTube, que son más cortos y dinámicos.

Ahora, el objetivo de la asociación es que más personas asistan y debatan el resultado final obtenido por los autores. “Terminamos la primera etapa al contar esas historias. Ahora, el material producido tiene que ser divulgado”, dijo el presidente de Abraji, Thiago Herdy, al Centro Knight.

Periodista Bob Fernandes. (Captua de pantalla).

Segunda fase en producción

La segunda fase del Programa Tim Lopes tiene el objetivo de establecer un protocolo de reacción rápida a las eventuales muertes de otros periodistas. El objetivo es que cada vez que un comunicador sea asesinado o impedido de ejercer su profesión en Brasil, se monte un grupo de reporteros experimentados de diferentes medios para cumplir dos misiones: investigar e informar sobre la muerte del compañero y dar continuidad al trabajo interrumpido.

“Queremos mostrar que no se puede matar a periodistas en Brasil. Es importante que la ciudad que reciba estos periodistas sepa que ‘el Tim llegó', que la prensa está allí y que es una institución fuerte. Eso puede servir de inspiración para el enfrentamiento de la violencia contra la prensa en otros países”, dijo Herdy al Centro Knight durante el congreso de la organización en julio, cuando el programa fue anunciado.

El programa Tim Lopes fue concebido por el periodista Marcelo Beraba, primer presidente de Abraji, que se inspiró en el Proyecto Arizona, de la organización estadounidense Investigative Reporters and Editors (IRE). En respuesta a la explosión de un carro bomba en 1976 que mató al reportero Don Bolles en Phoenix, los colegas del periodista viajaron a Phoenix para terminar su trabajo de investigación.

El nombre del proyecto brasileño es un homenaje al reportero investigativo de TV Globo Tim Lopes que fue brutalmente asesinado en 2002 mientras trabajaba en un reportaje sobre bailes funk organizados por traficantes en una favela en Río de Janeiro. Su muerte, que cumplió 15 años el pasado junio, marcó la prensa brasileña y motivó la creación de Abraji.

João Wainer espera que la iniciativa cause un ‘efecto Kiki Camarena’ – en referencia a un agente de la Administración Federal Antidrogas (DEA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos. Después de su muerte en México en 1985, la presión por justicia fue tan grande que los crímenes contra agentes estadounidenses fueron inhibidos. Para Wainer, aún no existe, por parte de la prensa, una verdadera demanda por justicia cuando un periodista es asesinado.

“El caso Tim Lopes fue muy diferente [de los que aparecen en el documental, en términos de presión por justicia]. Cuando ocurre un crimen en una radio pequeña del interior, el máximo que dan es una noticia. Falta seguimiento de los casos de una manera constante”, afirmó al Centro Knight.

La coordinadora del programa, la periodista Angelina Nunes, explicó que la asociación ya está en negociación con diarios de todas las cinco regiones de Brasil y aseguró que las respuestas han sido positivas. El desafío ahora es hacer operable el proyecto, ya que Abraji está entrando en un territorio aún desconocido en el país.

Equipo del Programa Tim Lopes durante el estreno del documental. (Alessandra Monnerat/Centro Knight).

“Vamos a hacer un trabajo que no existe todavía. No existe un acuerdo previo con el piso de arriba. Las empresas tendrán que ceder a los reporteros y la divulgación también será en forma de pool. No estamos acostumbrados a eso y por eso es tan fascinante”, dijo Nunes.

Herdy resaltó que la seguridad de los reporteros participantes en el proyecto es “una obsesión” para Abraji. En ese sentido, Nunes refuerza que los seleccionados en cada redacción deberán haber pasado por un curso de seguridad para periodistas en áreas de conflicto.

“No es sólo llegar a la ciudad. Tiene una serie de medidas que tenemos que tomar antes. Después de la muerte de Tim Lopes, toda la prensa se hizo más consciente de ello y pasó a tomar medidas de protección diferentes”, afirmó.

Para Beraba, la viabilidad de un proyecto como el Tim Lopes denota el crecimiento de Abraji y, consecuentemente, la mejora de la formación de periodistas brasileños y de la cultura de colaboración entre las redacciones del país.

“Al principio de Abraji, no teníamos condiciones de hacer un proyecto como ese. Teníamos el problema del financiamiento, de no haber cultura de colaboración en las redacciones. Y repetir en el Complejo del Alemán [favela de Río de Janeiro donde Tim Lopes fue asesinado] el proyecto de Arizona sería un riesgo irresponsable. La asociación entonces buscó mejorar la calidad de nuestra formación, defender la libertad de expresión y la libertad del acceso a la información”, dijo Beraba al Centro Knight durante el congreso de la asociación de este año.




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