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Blog PERIODISMO EN LAS AMERICAS

Al investigar el pasado, periodistas reconstruyen la memoria colectiva sobre violaciones de derechos humanos en América Latina



Todos quieren ser los señores de la memoria y del olvido, escribió el historiador francés Jacques Le Goff a comienzos de 1980, a propósito de las disputas entre diferentes grupos sociales por la construcción de la memoria colectiva de una sociedad. Al estudiar la relación entre comunicación e historia, la comunicadora brasileña Marialva Barbosa volvió a la idea de Le Goff para afirmar que los periodistas son también “señores de la memoria”, ya que cotidianamente seleccionan y determinan lo que debe ser recordado y lo que puede ser olvidado.

Aunque el periodismo está especialmente asociado a la narrativa del presente, algunos periodistas escogen el pasado como objeto de investigación. En América Latina, muchos profesionales e iniciativas están dedicados a recontar historias que fueron echadas de lado por contextos sociales de represión y violencia en la época en que ocurrieron y que hoy pueden ver la luz , ayudando a reescribir la memoria colectiva de países y de la región como un todo.

Imagen de difusión del premio Periodismo, Memoria y Derechos Humanos, del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile. (Cortesía).
 

 

En Chile, de 1973 a 1990 fue el periodo en que se enfocaron esas investigaciones, por ser los años en que el país permaneció bajo el yugo del dictador Augusto Pinochet. Después de liderar un golpe militar para acabar con el gobierno democráticamente electo de Salvador Allende, Pinochet impuso una violenta represión a los opositores, apresando y torturando a más de 40 mil personas y asesinando a más de tres mil, según lo estableció una comisión presidencial del país en 2011.

El Premio Periodismo, Memoria y Derechos Humanos, otorgado anualmente por el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos con el Colegio de Periodistas de Chile desde 2015, busca reconocer el trabajo de periodistas que se dedican a dar visibilidad a las violaciones de los derechos humanos cometidas por el Estado chileno en aquel periodo.

“Existe mucha conciencia entre los periodistas de que la memoria y los derechos humanos son un tema importante y relevante para tratar en sus medios”, dijo Paula Sánchez, directora de comunicación del Museo, al Centro Knight. “Sin embargo, en Chile los medios de comunicación están en manos de grupos económicos que les incomoda tocar estos temas. Creen que existe un sesgo político de izquierda si hablas de un hecho que ocurrió entre 1973 y 1990”.

La periodista Ivonne Toro, editora del sitio The Clinic, fue la ganadora del premio chileno en 2016 por el reportaje “Marta Ugarte y el horror de los cuerpos lanzados al mar en dictadura”, que rescata la historia del método de ejecución de los opositores por parte de agentes del gobierno que consistía en lanzarlos al mar en los llamados “vuelos de la muerte”.

“Gran parte del país considera que se debe avanzar sin mirar el pasado”, declaró Toro al Centro Knight. “Hay una cierta evasión masiva respecto de los temas que ‘nos dividen’. En nuestro medio, en cambio, consideramos que es una obligación ética escudriñar en lo que ocurrió en el país, en las historias individuales que muestran que la desaparición forzada y las torturas no fueron temas aislados, sino que formaron parte de una política de represión estatal validada por parte de la sociedad civil”.

Foto de Marta Ugarte, del reportaje de Ivonne Toro sobre los “vuelos de la muerte" durante a dictadura de Augusto Pinochet, en Chile. (Archivo personal / Cortesía).

En el reportaje que ganó el premio Periodismo, Memoria y Derechos Humanos el año pasado, Toro contó la historia de Marta Ugarte, una opositora del régimen de Pinochet cuyo cuerpo fue encontrado en una playa chilena en 1976 con huellas de tortura, lo que confirmó la realización de los “vuelos de la muerte” por parte de los represores. La periodista trató especialmente el tormento vivido por las dos hermanas de Marta, que, hoy ya ancianas, han vivido sus vidas marcadas por la barbarie.

Para Toro, cuando la narrativa periodística trae historias personales, contadas por quien las vivió, ayuda a promover la empatía y el entendimiento del impacto real de la violencia estatal.

“Es distinto decir que miles de personas fueron secuestradas, torturadas y hechas desaparecer que contar qué pasó con una persona en particular, cuál era su vida antes de su detención, qué ocurrió con quienes nunca más lo volvieron a ver”, afirmó Toro. “Esa historia personal, que representa una historia colectiva, es la que genera la empatía necesaria para entender que no es aceptable la persecución política, que no hay justificación para lo que ocurrió en el país. Cuando se describe el nivel de ensañamiento de los represores, no es desde el morbo, es para graficar de qué estamos hablando cuando acusamos tortura”.

Rompiendo la barrera del silencio

Entre 1964 y 1985, Brasil también vivió una dictadura militar que torturó y asesinó a opositores. En el país, la represión estatal tuvo como uno de sus episodios más emblemáticos el asesinato de un periodista. Vladimir Herzog, entonces director periodístico de TV Cultura - canal público del Estado de São Paulo - fue apresado, torturado y muerto por agentes de la dictadura el 25 de octubre de 1975.

Cuatro años después, aún bajo el gobierno dictatorial, un grupo de periodistas y de activistas por la democracia realizaron la primera edición del premio Vladimir Herzog. Así como la iniciativa chilena, el premio brasileño también celebra los trabajos periodísticos en defensa de los derechos humanos. Ya en su 39 edición, el premio sigue reconociendo los reportajes que vuelven al periodo de la dictadura para traer nuevas versiones de eventos pasados o para intentar entender el presente del país.

Quien llama la atención sobre este hecho es el periodista Lucas Figuereido, dos veces ganador del premio Vladimir Herzog, en la categoría Libro Reportaje: en 2005, por “Ministerio del Silencio”, sobre el servicio secreto brasileño, y en 2009, por “Ojo por Ojo”, sobre los libros secretos del régimen dictatorial brasileño.

“En la dictadura, la academia fue violentamente cercenada, pero en las redacciones, a pesar de la censura, los periodistas podían seguir circulando, conversar con las fuentes, inclusive en el área militar", dijo Figuereido al Centro Knight. “Aunque no pudieron publicar todo lo que veían, con todos los documentos que poseían, los periodistas conquistaron un lugar de excelencia en las investigaciones de los crímenes cometidos en la dictadura. Tanto es así que hasta el día de hoy las principales revelaciones de ese periodo son hechas por periodistas”.

Denise Assis es una de las periodistas brasileñas que se dedicó a investigar episodios de la dictadura cuando ella aún ejercía, y muchas de sus investigaciones salieron a la luz después de 1985, considerando el año de transición hacia la democracia en Brasil.

“Yo llegué al mercado en 1977, cuando aún había represión y comenzábamos a esbozar las primeras indagaciones sobre lo ocurrido y los familiares iniciaban las reuniones para intercambiar información sobre los desaparecidos”, dijo Assis al Centro Knight.

Assis y Figuereido integraron el equipo de investigaciones de la Comisión Nacional de la Verdad (CNV), que de 2012 a 2014 investigó las violaciones a los derechos humanos por parte del Estado brasileño entre 1946 y 1988, y que contó con la colaboración de varios periodistas. La investigación de Figuereido sobre los archivos secretos de la dictadura que los militares se rehusaron a entregar a la CNV no fueron incluidos en el informe final de la Comisión, pero el periodista los publicó en 2015 en el libro “Lugar Nenhum - Militares e civis na ocultação de documentos da ditadura” (En Ningún Lugar - Militares y civiles en el ocultamiento de los documentos de la dictadura).

Escultura en homenaje al periodista Vladimir Herzog en la prefectura de São Paulo (Agência Brasil [CC BY 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], via Wikimedia Commons).

Assis afirmó que su experiencia como periodista le ayudó mucho en su trabajo en la CNV. “Tenemos la osadía necesaria para la investigación”, dijo. “Es necesario tener mucha disposición para seguir preguntando, hasta que, por fin, la fuente se cansa y admite o da su versión de los hechos. Los periodistas necesitan ser pacientes y determinados. En una investigación, esto cuenta mucho”.

Para ella, este es justamente el principal desafío en la investigación periodística sobre el pasado de represión estatal: “romper la barrera del silencio" de los represores y especialmente de las víctimas.

“Son personas que pasaron por atrocidades y situaciones inimaginables. La mayoría lucha por sacar todo a la luz, pero aún así hay episodios que tienen versiones contradictorias, o piezas claves de testimonios que ya no son inaccesibles porque los involucrados ya murieron”, dijo la periodista. “En general los familiares quieren colaborar bastante, pero, ellos también necesitan documentos guardados en los archivos que no son públicos, incluso con la Ley de Transparencia”.

Figueiredo también comentó sobre la dificultad de encontrar y verificar archivos de ese periodo.

“La mayor dificultad es conseguir los documentos. Y cuando los conseguimos, es necesario confirmar que son auténticos”, explicó. “Hay mucha cáscara de banana en esa área”.

Aún con estos desafíos, es imposible comparar el campo de acción de los periodistas brasileños de hoy con el de sus colegas bajo el régimen militar, afirmó.

“Los periodistas que actuaron durante la dictadura no tenían libertad, no podían publicar todo lo que sabían y corrían grandes riesgos al investigar. Hoy, tenemos libertad para abordar a un extorturador, por ejemplo, sin miedo de que él alerte a algún batallón del Ejército”, dijo Figuereido.

Reportar para no repetir

El periodista peruano Óscar Castilla, director ejecutivo de Ojo Público, también se ha dedicado en los últimos 17 años a la cobertura de un pasado de su país, más reciente que el recordado por sus colegas en Chile o en Brasil. En Perú, de 1980 al 2000 fueron los años más intensos del conflicto armado entre las fuerzas del Estado y las “​organizaciones subversivas”, explicó Castilla.

La época del terrorismo en Perú afectó por lo menos a 148 mil personas, de las cuales 70 mil murieron o desaparecieron, de acuerdo con el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación peruana, que operó entre 2001 y 2003. La gran mayoría de las víctimas (92%) fueron civiles, atacados por ambos lados del conflicto. El Proyecto Memoria, una plataforma online de Ojo Público sobre este periodo, busca “rescatar del olvido historias, hechos e identidades que de otra forma permanecerían en el anonimato perpetuo”, dijo Castilla al Centro Knight. “Las heridas que el terror dejó en el Perú aún no cierran del todo”.

Para realizar este proyecto, Castilla y su equipo también se enfocaron en la cobertura “caliente” del conflicto, realizada por sus colegas años atrás.

Proyecto del sitio peruano Ojo Público que mira el pasado del conflicto interno del país. (Captura de pantalla).
 

 

“Aprender cómo el periodismo de los años 80 y 90 se enfrentó y narró este tipo de historias te cambia la vida", dijo Castilla. “El periodista tiene la oportunidad única de reflexionar sobre la cobertura en tiempos de terror, evitar los errores que se pueden cometer en etapas de polarización extrema y tomar la declaración de testigos directos - algunos perpetradores están en prisión, algunas víctimas aún estas vivas - de una época que marcó al país de manera traumática", explicó.

En ese sentido, “el periodismo es fundamental para evitar que estos hechos nefastos se vuelvan a repetir”, comentó Castilla. También lo afirmó Paula Sánchez, del Museo chileno, al considerar que “el periodismo es clave en el rescate de la memoria colectiva” y que es la memoria la que puede evitar una nueva dictadura, como las vividas en la segunda mitad del siglo 20, no solo en Brasil y Chile, sino también en Argentina, Uruguay, Paraguay y tantos otros países de la región.

“La memoria colectiva es una razón para que los periodistas cumplamos con la misión de relatar, contar y explicar. Esto porque contamos con las herramientas y la capacidad para generar confianza entre protagonistas, testigos y, también, conectar con las nuevas generaciones. Debemos ser facilitadores del derecho de las personas a recordar y reparar sus heridas”, dijo Sánchez.




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