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¿Cómo combatir el creciente acoso en línea contra periodistas? Publicaciones recientes orientan a profesionales y organizaciones



Hace al menos seis años, la periodista brasileña Gabriela Moreira ha convivido con olas esporádicas de odio en internet. Esta reportera de ESPN se dedica a la cobertura del fútbol brasileño y tiene un blog en el que publica temas sobre el día a día de los clubes y sus atletas, así como investigaciones sobre corrupción en el deporte.

Con cada reportaje que expone actitudes desvergonzadas de clubes de fútbol y sus dirigentes, Moreira se convierte en blanco de grupos de aficionados que, en vez de exigir más honestidad de sus equipos, se van en contra de la periodista, apuntando a la mensajera y no al mensaje. “En mi bandeja de entrada de mi correo electrónicos o en las redes sociales siempre hay alguna ofensa, algún insulto”, dijo Moreira al Centro Knight.

Ella es también miembro de la junta de la Asociación Brasileña de Periodismo Investigativo (Abraji, por su acrónimo en portugués), que acaba de publicar un folleto en portugués titulado “¿Cómo lidiar con el acoso contra periodistas en las redes?”. La publicación, disponible en línea y para descarga, busca ayudar a reporteros que, como Moreira, son objeto de ataques orquestados, con ofensas y amenazas en las redes, por hacer su trabajo.

“Por la naturaleza investigativa de su profesión, el periodista es susceptible a críticas”, dice la publicación. “Pero es importante separar la crítica al trabajo de ofensas a la persona. También es fundamental no naturalizar los asedios como si fueran gajes del oficio ser blanco de ataques”.

La cartilla trae orientaciones prácticas para los periodistas para controlar el acceso a sus datos en línea, evitar ser sorprendido por un ataque y cómo actuar al verse en el centro de una ola de acoso en línea.

Marcelo Träsel, también director de Abraji, dijo al Centro Knight que la entidad ha registrado agresiones a periodistas desde 2013, cuando docenas de periodistas fueron agredidos por policías y manifestantes durante las protestas de Brasil.

Recientemente el acoso en línea también entró en el radar de Abraji, que desde marzo de 2017 ha registrado 30 casos de ataques en línea a periodistas provenientes de políticos, grupos y empresas de comunicación, y 45 periodistas han sido blanco de exposición indebida, acoso e insultos o calumnias y difamaciones desde mayo de 2018.

Una referencia para periodistas en el país, Abraji fue llamada por varios profesionales que pasaron por esa situación. “Intentábamos ayudar de alguna manera, dar algunas orientaciones”, dijo Träsel. “Pero imaginamos que va a crecer mucho, desafortunadamente, durante las elecciones, y nos dimos cuenta de que no vamos a tener condiciones de atender a todo el mundo individualmente”.

El material fue creado, entonces, para que los periodistas sepan qué hacer al encontrarse en esa situación. Es importante, por ejemplo, saber registrar apropiadamente las amenazas que reciba para que luego sean aceptadas como pruebas en un posible proceso judicial; o cómo denunciar y retirar de las redes sociales contenido ofensivo o que exponga información personal del periodista. “Son orientaciones muy básicas, iniciales, para que las personas después con más calma puedan lidiar con esa situación. No pretendemos que la cartilla resuelva todos los problemas, la idea es reducir los daños en el primer momento”, dijo Träsel.

Sobrevivir a los ataques

Reporteros Sin Fronteras (RSF) también lanzó recientemente una publicación sobre el tema. El informe “Acoso en línea a periodistas: cuando los trolls arremeten contra la prensa” trae un panorama global del problema.

“El aumento de los ataques contra periodistas en internet está asociado a una estrategia más amplia de desinformación”, dijo Emmanuel Colombié, director regional de RSF para América Latina, al Centro Knight. “La intimidación de periodistas, blancos de insultos y amenazas para desacreditarlos y callarlos, es parte de ese proceso. Actualmente, orquestar este tipo de acción se ha vuelto relativamente simple y barato. De la misma forma, vemos una tendencia de fuerte polarización política, que se ha convertido en un terreno fértil para discursos de odio e intolerancia. En ese contexto, los periodistas quedaron particularmente expuestos”.

El informe de RSF también destaca que los ataques a las mujeres tienden a ser más frecuentes y violentos que a sus colegas hombres que actúan en los mismos segmentos de investigación periodística.

“Hay una clara ruptura de género, con las mujeres periodistas siendo blancos preferentes, con ataques frecuentemente asociados a mensajes violentos y de tipo sexual”, agregó Colombié. “Periodistas que cubren política, o temas considerados tabúes también acaban más expuestos a ese tipo de represalia. Además, ha sorprendido también el número de casos de violencia relacionados con las coberturas deportivas, una vez más en especial con reporteras mujeres”.

Es el caso de Gabriela Moreira. En la mayor ola de ataque que ella enfrentó hasta ahora, el agravante fue la participación de un dirigente de un club que la reportera investigó.

En el reportaje que salió al aire el 20 de noviembre de 2017, Moreira reveló que Grêmio, equipo de la región Sur de Brasil, estaba usando drones para espiar entrenamientos de adversarios. Aunque el club no respondió a las solicitudes de su posición en el caso, el director jurídico de Grêmio entró en directo en el programa de la emisora ​​que presentaba el reportaje y sugirió que ESPN tenía intención de perjudicar al equipo.

“Él negó diciendo que había inventado una mentira, moviendo una red gigantesca de odio”, dijo Moreira. “Después el propio Grêmio, el técnico del club, en una conferencia, confirmó [el uso de drones]. Pero quien quería pensar que era mentira tuvo todo el apoyo institucional en la figura del director jurídico”.

A partir de ese momento, la reportera pasó a ser bombardeada por ofensas y amenazas de aficionados del club en sus redes sociales, que incluían insultos con sesgos machistas y amenazas de violencia sexual.

Según ella, culpar al periodista es una estrategia usada por muchos clubes para desviar la atención de las denuncias presentadas. “Al ser presionados por algún artículo, ellos van a las redes sociales a negar la historia, y ahí no simplemente niegan, sino que nombran [al periodista] todo el tiempo. Ellos tienen esa actitud de siempre nombrar al reportero, por lo menos conmigo es así. Esto obviamente contribuye [al acoso en línea], porque usted personaliza, saca el foco de sí, y se parece que es una conducta personal del reportero”, dijo Moreira.

Después de años conviviendo con estos ataques esporádicos, la periodista probó otra manera de lidiar con la situación. “Yo ya había trabajado bajo algunas olas de odio y veía que era muy ineficaz quedarse mirando hacia aquello. Eso me impedía trabajar”. Moreira contrató entonces a una persona para hacer la selección de los posts, archivando aquellos que contuvieran amenazas que pudieran ser encuadradas como crimen.

La periodista entregó los archivos a la Comisaría de Policía de Represión a los Delitos de Intolerancia Deportiva (Drade, por sus siglas en portugués), en São Paulo, y dijo que ellos los entregaron al Ministerio Público (MP).

El Centro Knight contactó al MP de São Paulo para saber en qué punto se encuentra el análisis de la investigación, pero informó que “el caso es secreto de justicia, decretado por el Poder Judicial”, y que el órgano no puede divulgar ninguna información al respecto.

Otra actitud de la periodista en relación a los agresores tuvo resultado positivo. Ella seleccionó a aquellos que se presentaban en sus perfiles en las redes sociales como funcionarios de empresas y entró en contacto con sus empleadores. “Remití los insultos a las empresas diciendo ‘mira, sé que no es una conducta institucional, pero esa persona trabaja para ti y lo pone en las redes. Creo que es algo que debes observar en el comportamiento de ese empleado”, contó.

Según ella, todas las empresas con las que entró en contacto trataron la situación con seriedad. En muchos casos, los agresores vinieron a pedir disculpas por los posts ofensivos. “No es venganza”, afirma Moreira. “Sólo quiero que la gente se dé cuenta de que escribir un insulto pesado, promover odio en las redes contra las personas, tiene consecuencias”.

Redes de apoyo

Entre las recomendaciones de la cartilla de Abraji es que colegas y medios se manifiesten públicamente en defensa del o de la periodista que está siendo víctima de acoso en línea, con la salvedad de que “dar visibilidad al caso puede interrumpir el ciclo natural del declive de los ataques”.

Moreira evalúa que no es el posicionamiento público del medio lo más importante, pues no será un pedido oficial de la publicación lo que haría parar los ataques. Para ella, valdría más si las empresas de comunicación apoyaran jurídicamente a sus empleados, ofreciendo abogados si el periodista necesita defenderse o decide procesar a los trolls.

“No estamos recibiendo ese tipo de tratamiento [el acoso en línea] por algo que dijimos en la panadería, sino porque estamos ejerciendo nuestra profesión, en ese canal”, observa la periodista, quien dice tener apoyo de ESPN en su trabajo, pero ese apoyo no se extiende a la representación jurídica.

Träsel concuerda. “Contratar abogado cuesta dinero, y el periodista ya gana poco”, dijo, añadiendo que Abraji alienta a que periodistas víctimas de acoso en las redes busquen reparación en la esfera civil, ya que la mayoría de las veces los ataques no configuran crimen. “Considero que es muy educativo para alguien que promueve acoso recibir una citación judicial, aunque el proceso no termine en nada”.

En su informe, RSF también recomienda que los medios de comunicación se involucren más en la protección de sus empleados. Entre las recomendaciones a empresas de medios están reconocer la amenaza y establecer mecanismos internos de apoyo y protección a periodistas blancos de acoso; crear redes de respuesta con profesionales dentro y fuera de las redacciones – editores, gestor de comunidades digitales, dirigentes jurídicos – para intercambiar experiencias y buenas prácticas en el abordaje del problema; y visibilizar el acoso en línea periodistas por medio de investigaciones y reportajes, informando al público y a las autoridades sobre el tema.

Colombié subraya que aunque el fenómeno está ocurriendo de forma similar en casi todas las regiones del mundo, “es aún más preocupante en países con históricos graves de violencia contra periodistas”. “En lugares como México, Colombia, Brasil y Honduras, por ejemplo, el impacto de estos ataques tiende a ganar otra proporción, haciendo que el o la periodista se sienta en peligro real, reforzando el trauma psicológico y la autocensura”.

Moreira también sugiere la creación de comisarías y de cortes especializadas para llevar esos casos, con entrenamiento y estructura para investigar y responsabilizar jurídicamente a las personas que promueven el acoso en línea. Ella ve una “epidemia de odio en las rede”, que no afecta solo a periodistas y que tiene serias consecuencias. “Afecta a mucha gente, no es solo la persona que está allí [siendo atacada]. Son los familiares, sus relaciones. Usted se puede convertir en una persona más reactiva. Esto trae consecuencias psicológicas y físicas y las instituciones no están preparadas”, afirma.




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