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Blog PERIODISMO EN LAS AMERICAS

Despido y recontratación de columnista colombiano provoca debate sobre el periodismo en el país



La columna del periodista colombiano Daniel Coronell del pasado domingo 16 de junio era sin duda una de las más esperadas. Se suponía que en ella explicaría sus razones para volver a la revista Semana luego de ser despedido en un hecho que generó polémica en el país.

La cancelación de la columna el 28 de mayo despertó un debate en Colombia sobre el oficio periodístico con temas que iban desde la censura, la relación de la prensa con los poderes gubernamentales y económicos, hasta la corrupción dentro del mismo periodismo.

Las denuncias de Coronell en su columna tenían consecuencias en Colombia, no en vano es el columnista más leído del país. Por eso su salida no pasó desapercibida.

No se trataba solo del prestigio periodístico de Coronell lo que generó el debate, sino la razón que parecía tener la cancelación de su columna: criticar en su espacio periodístico la decisión de Semana de no publicar una investigación y pedir explicaciones sobre sus razones para no hacerlo.

Daniel Coronell, columnista de la revista Semana y presidente de Noticias Univisión. Foto: Twitter.

La situación comenzó cuando The New York Times publicó el 18 de mayo un artículo en el que daba cuenta de unas instrucciones al interior de las Fuerzas Armadas para aumentar los resultados en la lucha contra organizaciones criminales.

La preocupación entre algunos oficiales que hablaron con Nicholas Casey – periodista autor del artículo – era que estas órdenes podían revivir la oscura época de los llamados “falsos positivos”:  las ejecuciones extrajudiciales de civiles a quienes se les hacía pasar por criminales por parte de algunos militares y que tuvo su apogeo entre 2006 y 2009.

El artículo generó tanta controversia en Colombia que por una decisión del Times, Casey y el reportero gráfico Federico Ríos salieron del país por cuestiones de seguridad. Algunos funcionarios públicos empezaron una campaña de estigmatización en contra de los periodistas a pesar de que Ríos ni siquiera participó en la realización del mencionado artículo.

Tres días después, el portal digital La Silla Vacía publicó un artículo en el que describía cómo la información publicada en el Times estuvo en manos de la revista Semana por meses, pero que nunca fue publicada. El artículo ofrece tres versiones sobre cómo se engavetó la investigación, en una de las cuales podría haber influido el gobierno. Alejandro Santos, el director de la revista, negó esta versión.

En su columna titulada “La explicación pendiente”, Coronell decidió utilizar su espacio para cuestionar a su propio medio por esta decisión, según contó en una columna publicada por The New York Times el pasado 6 de junio.

Antes de la publicación de la columna solicitando esa explicación, Coronell se lo comunicó a Santos, quien le dijo que era “injusto” el artículo, pero que no iba a impedir que lo publicara, según escribió Coronell en el Times.

Santos también le pidió a Coronell que eliminara una frase en la que el periodista decía que asumiría las consecuencias de su crítica porque, según la columna del Times, Santos le dijo a Coronell que él no permitiría que le pasara nada.

No obstante, dos días después de publicada esta crítica, uno de los dueños de Semana, Felipe López, le anunció a Coronell que no tendría más espacio en la revista a partir de la siguiente semana, informó el periodista en su cuenta de Twitter.

En un editorial, Semana reconoció cuatro errores al momento del desarrollo de la investigación periodística, uno de ellos, no haber publicado la información que tenían en su momento. También aseguró que la investigación sobre el tema continúa y que la publicarán en un futuro cuando sepan que sus fuentes no corren peligro. Semana aseguró que “hubo varias fallas en el proceso, pero nunca conveniencia política”. Sobre Coronell se limitó a decir que lamentaban “la salida”, pero no la explicaron ni la llamaron despido.

Coronell, que sí llamó a su salida un despido, defendió en su columna del Times el deber que los medios tienen de discutir sus decisiones editoriales.

“En esta época, más que en cualquier otra de la historia, los medios están sometidos al escrutinio ciudadano”, escribió Coronell en esa columna. “Deben explicar públicamente sus decisiones porque tienen implicaciones igualmente públicas. De verdad espero que Semana, que tiene un brillante historial periodístico, salga fortalecida.

“En cuanto a mí, me sigue rondando una pregunta: ¿valía la pena arriesgar, y finalmente perder, mi espacio de opinión para probar esto? La respuesta es sí. Quise mucho mi columna de Semana porque podía publicar investigaciones, opinar y hacerle preguntas difíciles al poder, incluyendo el poder de mi empleador. Si no servía para eso, no servía para nada”, concluyó Coronell en esa columna.

En efecto su columna despertó un debate en torno al poder de la prensa, y la influencia que tienen sobre esta otros poderes.

Sin embargo, el retorno de Coronell a Semana cambió un poco la perspectiva. Como lo planteó La Silla Vacía su regreso “demuestra el poder de la audiencia en los nuevos modelos de negocio de los medios”. Cuando se anunció el despido de Coronell, las cifras de seguidores de la revista en redes sociales bajaron notablemente y algunos suscriptores anunciaron públicamente que la cancelarían, agregó La Silla Vacía.

Esto le sumó un punto al debate que ya se vivía en el país: si era prudente de parte de Coronell regresar a la revista, si seguiría siendo tan independiente como hasta ahora lo había sido y qué hubo detrás de esa negoción. Las conversaciones del regreso tuvieron lugar en Miami, donde vive Coronell, con Alejandro Santos y María López, presidente de publicaciones Semana e hija de Felipe, quien despidió a Coronell, informó Semana.

En su columna “Volver” Coronell despejó algunas de esas dudas que dijo había recibido a lo largo de los días previos de volver a la revista anunciado el 11 de junio. Lo primero que dijo es que no dejaría de manifestar su desacuerdo de las decisiones editoriales que pueda tener con Semana. “Vuelvo porque Semana garantiza mi independencia”, escribió.

También dijo que durante las conversaciones no se habló de recibir más dinero, y que su relación con Semana está más fortalecida. Se mantuvo en que es deber de los medios estar sujeto al escrutinio público.

“Los medios de comunicación aunque sean empresas privadas tienen como objetivo informar temas de interés público. Por esa razón deben estar abiertos al escrutinio ciudadano y ofrecer explicaciones sobre lo que publican o dejan de publicar. Mi petición ha sido firme pero respetuosa. La firmeza no es arrogancia, soberbia, ni altivez”, escribió Coronell, quien también es el presidente de Noticias Univisión de Estados Unidos.

El Centro Knight intentó comunicarse con Daniel Coronell y con Alejandro Santos, pero no recibió respuesta antes del cierre de esta nota. 

Periodismo en Colombia: al centro del debate

Sin embargo, antes de conocerse el regreso de Coronell a la revista su caso prendió la chispa para un debate sobre el rol del periodismo.

Dos de los cuatro columnistas de Semana señalaron a Coronell de “arrogante”  y de falto de prudencia al criticar tan abiertamente a su propio medio. Incluso María Jimena Duzán habló de una “dictadura de las audiencias en esta era de las redes y lo manipulable que resulta la verdad en estos tiempos”. Daniel Samper Ospina, otro de los columnistas de la revista, apoyó a Coronell y dijo que la decisión de Semana había sido un error.

Para Javier Darío Restrepo, maestro de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) y referente de la ética periodística en la región, lo hecho por Coronell fue “una demostración de independencia y honestidad admirables”, según una columna escrita para el sitio de la FNPI.

Una de las más recientes portadas de Semana. Captura de pantalla.

Restrepo le dijo al Centro Knight, que el señalamiento de arrogancia hacia Coronell es “comprensible” porque se está viendo al periodista “como un simple subordinado dentro de una estructura tradicional de poder”, a quien se le niega opinar y criticar. Sin embargo, para él, “la omisión informativa de la revista fue un hecho público y se trató de la negación de un derecho público a la información. Estos asuntos deben tratarse en público puesto que el lector es más que un simple cliente. Este es uno de los puntos que, en este caso, han quedado en evidencia: ¿cuál es el lugar del lector?”.

“Desde la sumisión, o desde la arrogancia del poder, cualquier crítica es una audacia inaceptable. Todo depende, por tanto, de la posición que se le dé al medio de comunicación y a su función”, aseguró.

Para Restrepo el despido de Coronell fue “un gesto de poder fuera de lugar”, y dijo que su reintegración fue un intento por recuperar la confianza y a suscriptores porque la credibilidad de Semana “resultó seriamente afectada”.

El maestro de la FNPI considera que un tema “fundamental” para mejorar el periodismo en Colombia es superar la idea del periodista como un “asalariado cualquiera”.

“Las relaciones en una redacción son de equipo, no de patronos y empleados como en cualquier fábrica o empresa. Hay que entender que la de  un medio de comunicación es un estructura distinta. Aquí se trata de una empresa de servicio público (el de la información) en manos de empresarios privados que prestan un servicio público”, explicó Restrepo. “Esto les da a periódicos y empresas de información público un carácter en que predominan el servicio y lo público que subordinan lo económico y el sentido de poder”.

Una de las evidencias que se vieron durante el caso Coronell fue la desconfianza de la gente hacia los medios en general. Según el Trust Barometer de Edelman 2019, solo el 44% de los colombianos que participaron en el estudio confía en ellos.

Por eso para Fernando Alonso Ramírez, editor del periódico La Patria de Manizales y presidente del Consejo Directivo de la de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) de Colombia, con este episodio los medios colombianos pueden aprovechar para mejorar aquellas falencias que les permita a las audiencia volver a confiar, según le dijo al Centro Knight.

Esto puede hacerse, cree él, sin caer en la “dictadura de las audiencias”. Para Ramírez es grave que quede el mensaje que el regreso de Coronell a Semana se produjo de manera exclusiva por la intervención de las audiencias “porque sería una pésima señal”.

“Prefiero siempre lo que decía Jack Fuller, y lo parafraseo: un medio es importante porque representa los valores de una comunidad, pero es mucho más importante cuando cuestiona esos valores, y este principio está en riesgo por la dictadura del clic”, dijo Ramírez.

“El regreso de Coronell necesita que se entienda como un gesto importante del medio de recapacitar y corregir. Y eso es muy valioso”, agregó después.

Ramírez también resaltó dos temas preocupantes en el marco de este debate. El primero que a las pocas horas de que se anunciara el regreso de Coronell a Semana, en el sur del país tuvo lugar el asesinato de un periodista de una radio comunitaria. Sin embargo, esta noticia no tuvo tanta atención como “la salida y el regreso del columnista director de un medio internacional a la principal revista del país”.

“Parece que se nos olvida que no hay peor violación a la libertad de prensa que el asesinato de un periodista”, dijo Ramírez, quien aclaró que no se trata de una responsabilidad de Coronell sino de lo que interesa a los medios.

El segundo, la falta de debate sobre la noticia en sí.

“Lo que más lamento del despido de Semana es que se han escrito decenas de columnas sobre la importancia de tener buenos columnistas, otro tanto que lamentan la salida de este columnista, pero son mucho menos las que cuestionan que haya podido regresar a Colombia el terrible episodio de las ejecuciones extrajudiciales, conocidas con el pésimo eufemismo de falsos positivos”, dijo Ramírez.

Restrepo coincide con Ramírez en que la crisis que desató el caso Coronell también puede ser aprovechada por los medios para mejorar su trabajo y su acercamiento a las audiencias.

“Centrado en su preocupación por sobrevivir dentro de la agitación provocada por la tecnología digital, el periodismo poco o nada pensaba en mantener su identidad dentro de esta vorágine de cambios. Al agudizarse la crisis el periodismo está redescubriendo su identidad, especialmente el rol que le corresponde en la vida de la sociedad de hoy. Este es, a mi juicio, uno de los caminos que se abren como oportunidades”, dijo Restrepo.

Por su parte Ramírez considera que es el momento de hacer mejor periodismo. “La confianza se gana demostrando que se intenta hacer el mejor periodismo y eso se construye en el día a día, no con golpes de vez en cuando”.

“Para los medios, tenemos que aprender que necesitamos transparentar más nuestras decisiones internas, que las audiencias conozcan cómo resolvemos nuestros dilemas, pero que no perdamos la capacidad de confrontar a esas audiencias cuando corresponda”, dijo Ramírez. “Ahora bien, sigo esperando que el asesinato de un periodista en Colombia se trate con la misma o más gravedad que el retiro de la columna a un periodista”.




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