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Fact-checking colaborativo sobre coronavirus ya reúne a 91 organizaciones en 40 países y puede ser el mayor de la historia



Un proyecto de colaboración global entre organizaciones de fact-checking viene reuniendo esfuerzos para desmentir rumores y combatir la desinformación sobre la epidemia del coronavirus Sars-CoV-2. Hasta el 27 de febrero, 91 organizaciones de verificación de datos de 40 países se unieron a la alianza DataCoronaVirus.

 

En América Latina, diez organizaciones de Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, México y Venezuela ya formaban parte de la colaboración, que fue lanzada el 24 de enero. Estas son: Aos Fatos, Agência Lupa, Agence France-Presse (AFP), Animal Político, Chequeado, ColombiaCheck, Ecuador Chequea, Efecto Cocuyo, Estadão Verifica y La Silla Vacía.

 

Según la directora adjunta de la International Fact-Checking Network (IFCN) y fundadora de la Agência Lupa, Cristina Tardáguila, responsable de la coordinación del proyecto, la colaboración puede convertirse en la mayor alianza de verificadores de la historia. En solo 33 días, el esfuerzo periodístico ya produjo 576 verificaciones, en 15 lenguas diferentes.

 

Coronavirus. Imagen: CDC

“La colaboración más grande que he visto fue la de las elecciones en Argentina, de Reverso”, dijo Tardáguila, al Centro Knight. Reverso tuvo 127 medios aliados (40 de ellos como productores), duró seis meses y produjo 180 verificaciones, 40 audios y 32 videos. También capacitó a 451 periodistas y tuvo un millón de visitas mensuales en el periodo en que estuvo vigente.

 

“Nosotros, con 90 medios de comunicación, en un mes, ya realizamos 570 chequeos. Si nos quedamos un año cubriendo el coronavirus, esto va a explotar. Tenemos muchos potencial, en términos de intensidad de la producción, y no tenemos horizonte para terminar”, dijo Tardáguila. La IFCN aún no tiene datos del impacto en el público, pero Tardáguila afirma que las publicaciones tienen mucha audiencia. Para seguir el trabajo, vea la lista de verificaciones del proyecto en Twitter.

 

La IFCN, que forma parte del instituto periodístico Poynter, usualmente organiza coberturas conjuntas entre organizaciones de fact-checking para grandes eventos políticos, económicos o ambientales, como el G20, Foro de Davos, Asamblea General de la ONU o la COP. Pero la alianza sobre el coronavirus es especial, afirmó Tardáguila.

 

“Hay una gran diferencia. Normalmente nuestras colaboraciones tienen un plazo para acabar, ahora no tenemos la menor idea de cuánto tiempo tendremos desinformación sobre el coronavirus”, dijo.

 

La iniciativa surgió después de un artículo que Tardáguila hizo con la directora editorial de Taiwan FactCheck Center, Summer Chen, en enero. El reportaje era sobre las historias de ocho personas arrestadas en China, luego de que el gobierno decidió que estas habían publicado noticias falsas sobre la enfermedad --ahora se sabe que se trataba de un nuevo coronavirus. A lo largo de la investigación, la ciudad de Wuhan fue aislada y el gobierno se vio en la necesidad de reconocer la epidemia.

 

“Summer me avisó que este asunto iba a ser algo grande. Entonces, mandé una pregunta a nuestro grupo de Slack, que tiene cerca de 350 verificadores, sobre si ellos tenían interés en hacer una colaboración al respecto. Esto fue el viernes por la mañana, y hacia la tarde ya tenía 60 verificadores que se habían sumado, todos muy preocupados y alertando sobre noticias falsas en sus países", contó Tardáguila.

 

El grupo sigue la misma metodología de las otras coberturas conjuntas de la IFCN. Además del grupo de Slack para comunicaciones, ellos han creado tres documentos en Google Drive.

 

Uno de estos es un cuadro compartildo, en inglés, “con una infinidad de columnas”, explicó Tardáguila. Allí hay una serie de informaciones: la mentira que fue verificada, con link y datos, así como también un pequeño resumen de la verificación, con enlace, fecha de publicación, nombre e información de contacto del verificador, además de un campo para indicar si la verificación pasó por alguna corrección.

 

“Además tenemos otros dos documentos. Uno con todo lo que sabemos que es falso y otro con todo lo que sabemos que es verdadero", contó la periodista.

 

Para participar, es necesario seguir algunas reglas simples, como contribuir con al menos una verificación, republicar contenido siempre con el crédito del autor, y permitir que sus verificaciones sean traducidas y publicadas por otros medios.

 

Al inicio, el trabajo de coordinación fue más intenso, porque fue necesario esclarecer las dudas, determinar procesos y mejorar el método, pero ahora el proyecto ya camina con sus propias piernas. Asimismo,  Tardáguila cuenta con la ayuda de algunos de los periodistas de la alianza.

 

“Por ejemplo, Summer está ayudando a toda la red, porque tiene mucha información en mandarín o cantonés. Y uno de los desafíos es que nosotros, los de occidente, no tenemos cuentas en las redes sociales de ahí, como Line o Weibo. Por eso, la ayuda de los chequeadores de Taiwan y Hong Kong ha sido vital”, explicó.

 

Uno de los legados de la colaboración, de acuerdo con Tardáguila, es unir a los periodistas a favor de una causa común. “Los chequeadores están demostrando que no existe competencia en la lucha contra la desinformación, los periodistas necesitan actuar de forma amistosa y colaborativa. El objetivo es ir contra el productor de noticias falsas, no contra los colegas o el portal de la competencia”, afirmó.

 

Cristina Tardáguila. Foto: Petrobras/Alexandre Grand.

Tardáguila explicó que la colaboración permite acortar el tiempo en que una mentira circula en el internet sin ser desmentida. Como toda verificación de la alianza muestra las fuentes y datos usados para llegar a aquella conclusión, los periodistas del proyecto pueden verificar y compartir ese contenido con sus audiencias. Eso vuelve la respuesta más rápida y fortalece la difusión de información verdadera, porque es publicada por diferentes organizaciones alrededor del mundo.

 

“Hemos notado que las mentiras son idénticas. Estas aparecen en Asia, Europa, América Latina. Y el mismo video, la misma foto, o mismo texto. Entonces todos no necesitan hacer la misma verificación. Cuanto menor sea el tiempo entre la publicación de la mentira y el dato correcto, menos personas serán afectadas por ese contenido falso, algo que es fundamental, principalmente sobre la salud", dijo.

 

Además de coordinar las verificaciones, la IFCN ha producido análisis sobre el flujo del contenido falso respecto del coronavirus. En un primer momento, identificaron tres olas de desinformación. Una de estas decía que el virus era antiguo y había sido creado posteriormente para vender una vacuna. Otra era sobre las causas del origen de la enfermedad, como los plátanos o la sopa de murciélago. "Y había, desde luego, teorías conspirativas: Bill Gates era el responsable o que eran armas biológicas de China, etc.", contó Tardáguila.

 

Depués llegó el momento de las fotos y videos falsos. “Varios videos de personas cayendo que eran en verdad víctimas de infarto o que estaban borrachas. Y editado todo junto parecía que todo el mundo estaba muriendo. Hacia inicios de febrero, comezaron a aparecer las predicciones, el capítulo de los Simpsons, o libros o películas que habían predicho la llegada del virus", dijo Tardáguila.

 

A mediados de febrero, llegó la ola de las curas milagrosas: sopa de ajo, agua salada, vitamina C. “Beber agua con cloro previene el coronavirus, eso fue una bomba en EE.UU. Orina de vaca, fue el gran rumor en India. Después comenzaron a encontrar vacunas que no existen: 'ah, hay una vacuna en tal lugar'", recordó.

 

En esa época, afirmó Tardáguila, Google, Facebook y Twitter “comezaron a desesperarse” y a adoptar medidas para combatir la información falsa sobre el coronavirus. “Ambas podrían hacer muchísimo más. Técnicamente las verificaciones están listas para ser expuestas por las plataformas, pero hicimos una prueba: googleamos el coronavirus en diez países en un determinado día y no aparecían las verificaciones en ningún idioma".

 

Actualmente, la periodista ha identificado una nueva ola de desinformación, que habla sobre las razas y religiones que estarían más vulnerables o más protegidas de la enfermedad. “Por ejemplo: ‘los musulmanes no se contagian con el coronavirus, usted debería convertirse’. O ‘si usted es de tal raza, usted porta la enfermedad'. Por eso es que están expulsando a las personas de los metros y de las tiendas, solo por tener apariencia de asiáticos, ya han habido varios casos de esos en el mundo", explicó.

 

Tardáguila cree que existe un movimiento coordinado de desinformación sobre el coronavirus. Según ella, algunas noticias falsas parecen ser solo producto del miedo ante una enfermedad nueva, otras son intencionales.

 

“Obviamente hay algo más ligado al pánico, y hay una abuela que se difunde en Whatsapp que dice que la sopa de ajos y la vitamica C ayudan. Pero se puede ver que hay varios movimientos que se están aprovechando de la desinformación sobre el coronavirus para meter sus ideologías, sus banderas. Es el caso de los movimientos antivacunas, racistas y de algunas religiones".

 

Para la periodista, las siguientes olas de noticias falsas mostrarán que el esfuerzo de verificación va a surtir efecto. “En el momento en que todos los verificadores atacan una desinformación, los productores de noticias falsas migrarán a otra cosa”.

 

Tardáguila también empezó a coordinar un equipo de académicos que va a hacer investigaciones con las bases de datos de la alianza. “Queremos saber cuál fue el camino de la mentira, donde empezó, en qué idioma, y dónde fue a parar. Y cuántas personas fueron alcanzadas por las verificaciones y cuántas vieron los rumores", acotó.




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