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Periodistas y satiristas en ISOJ debaten el auge de los memes en el discurso político. ‘Es más que un chiste’, dijo uno

Por Analise Pickerrell*

 

El meme de Pepe the Frog ganó popularidad en los años 2000, originando con un webcómic y a menudo usado junto con la frase despreocupada “feels good man.” Para 2016, había adquirido una connotación muy distinta, asociándose con el movimiento alt-right en Estados Unidos y el nacionalismo blanco.

La cibercultura, dominada por los memes y en constante evolución, junto con un clima político tenso, han planteado nuevos desafíos para caricaturistas y creadores de cómics. En el  26º Simposio Internacional de Periodismo Online, el jueves 27 de marzo, periodistas y satiristas exploraron el panorama del humor político en el panel “La sátira política en la era digital: de las caricaturas animadas a los memes.”

“Me encanta el humor por el humor mismo, pero lo que realmente me atrajo de la sátira es que estás diciendo algo,” dijo Mark Fiore, periodista visual y becario de periodismo JSK en la Universidad de Stanford. “Es más que un chiste.”

Junto a Ramón Ramírez, moderador del panel y editor general de The Daily Dot, un medio especializado en cultura de internet, Fiore inició la discusión reflexionando sobre su carrera y el valor de comunicar mensajes serios por medio del humor. Compartió caricaturas y animaciones originales que abordaban temas políticos candentes como las relaciones entre Israel y EE.UU., el wokeismo y la administración actual en la Casa Blanca.

“Ya sea animando caricaturas, creando viñetas tradicionales, memes o sátira escrita, uno de los superpoderes (de la sátira) es que puede ayudar a (tumbar) los muros de la gente,” dijo Fiore. “Hay que saber reírse y encontrar la hipocresía en algunas de estas cosas.”

Sarah Pappalardo, cofundadora de la revista satírica feminista Reductress, dijo que se dio cuenta de que la cultura de los memes estaba cambiando con la aparición del meme del “Chad”, que representa a un hombre alfa y se volvió popular en foros de derecha. Según ella, en la década de 2010 la cultura de los memes tenía una inclinación liberal, pero con la popularización del “Chad” notó un cambio.

“Los memes pueden ser bastante peligrosos en la manera en que provienen de un lugar con una ideología muy particular y luego se filtran al discurso general,” dijo Pappalardo.

Sin embargo, Fiore hizo una distinción importante: los memes no siempre son sátira.

“La sátira, para mí, es ver la absurdidad que existe en la realidad y llevarla un poco más allá,” explicó. “Es casi como mostrarle a la gente lo que podría ser el futuro.”

Paul Alonso, ex periodista y profesor asociado en Georgia Tech, ha investigado la sátira política en América. Definió la sátira como “un ataque humorístico contra la necedad humana”, especialmente en tiempos de alta tensión política. Sin embargo, reconoció lo amplia que puede ser la sátira y cómo cambia según el contexto.

“Algo que encuentro en todas mis investigaciones es que la mejor sátira suele surgir después de periodos históricos traumáticos,” dijo Alonso. “La sátira ha sido un termómetro de la democracia.”

Fiore destacó que la nueva presidencia de los Estados Unidos ha hecho más difícil el lado comercial de la creación de contenido, además de los cambios en el algoritmo de Facebook, que dejó de priorizar contenido político. Ramírez explicó que dados esos cambios The Daily Dot pasó de 31 millones de clics en Facebook a solo 100,000 en dos años.

Al abordar la actual tendencia de hombres blancos dominando la cultura de los memes, Alonso destacó la importancia de la sátira como una herramienta para “desafiar a los poderosos”, es decir, desafiar al statu quo. Explicó que el uso de memes por parte de figuras conservadoras para respaldar sus ideologías se acerca más a la apropiación que a la sátira.

Fiore coincidió, señalando que la cultura de los memes de derecha y el uso del humor por parte de la presidencia actual para retractarse de declaraciones controvertidas no son sátira, sino “un guiño.”

Aunque cree que los memes de derecha rara vez reflejan la realidad, Pappalardo no los considera una amenaza.

“Es importante dejar un registro histórico de lo que rechazamos a nivel fundamental,” dijo. “No creo que los memes de derecha sean peligrosos, siempre y cuando no incluyan discursos de odio.”

Dos de los tres satiristas profesionales no parecían demasiado preocupados por el futuro de su profesión ante la nueva administración y el clima cultural. Sin embargo, Ramírez presentó una perspectiva mucho más pesimista. Dijo que el expresidente Trump mató la sátira porque, en lugar de condenarla, la adopta.

“Se ha vuelto mucho más difícil desafiar a los poderosos,” concluyó Ramírez, “porque la derecha disfruta demasiado atacar a los más vulnerables.”

* Analise Pickerrell es estudiante de periodismo en la Universidad de Texas en Austin con un enfoque en arte de estudio. Ha trabajado como reportera, editora e ilustradora, combinando su pasión por la comunicación escrita y visual para contar historias creativas y reflexivas.

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